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The morning after the party {Anna M. Rivers}

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The morning after the party {Anna M. Rivers}

Mensaje por Edward T. Spencer el Jue Jul 19, 2012 12:22 pm

¡Apaguen la puta luz! –Dije en voz alta totalmente irritado mientras tapaba mi cara con el grueso edredón pero lo que decía era por mucho estúpido pues no compartía mi habitación con absolutamente nadie, cerré los ojos con fuerza pero que va, el sueño se había ido con la llegada de aquella insulsa y desconocida claridad, con lentitud me saqué la sábana de encima y entorné los ojos, lo que había creído que era una luz encendida, un millón de focos intentando acabar con mi descanso en realidad era tan solo el simple sol, ¿Simple? El irritante y molesto sol colándose por el gran ventanal de mi habitación ¿por qué coño no había corrido la cortina? Todas las noches me aseguraba de hacerlo pero la respuesta era sencilla y me la recordaba aquella puntada en mi cabeza y la sed creciente en mi garganta, anoche habría estado muy borracho para recordar algo como correr la cortina, no puedo volver a olvidarlo, anoté en mi mente antes de caminar hacia el baño.

Cepillé mis dientes, lavé mi cara y miré mi rostro en el espejo ¡Oh! Vaya que había sido una buena noche, había asistido a una fiesta en Nueva York de una vieja amiga quien llegaba a sus 19 años, buen licor, música y mujeres hermosas todo lo que podría conllevar diversión para mí, saqué mi ropa, tomé la toalla y entré a la ducha, sentir el agua tibia caer contra mí era realmente relajante, salí unos 15 minutos después con la toalla enrollada bajo mi cintura y miré por primera vez el reloj negro que se alzaba en una de las paredes de la habitación, eran las 12:15, ¡Genial! Eso indicaba que llegaría perfectamente a tiempo para la hora del almuerzo y es que ningún tipo de resaca me dejaba sin apetito, busqué entre mis cosas, un pantalón jean, una franela negra de cuello redondo y zapatos casuales del mismo tono, peiné mi cabello de forma sencilla y ya estaba, nada demasiado ostentoso para un día de semana en la universidad. Una vez vestido busqué mi móvil con la mirada, lo revisé en un instante, tenía un montón de llamadas perdidas que después revisaría y quizás si me interesaba un poco las devolvería, tomé mi billetera y salí de mi habitación, cerré la puerta tras de mí y caminé por los pasillos.

Estudiantes iban y venían casi todas caras conocidas, saludé a un par de personas con las que compartía carrera y bajé las escaleras hacia la cafetería- Mierda –murmuré por lo bajo al entrar y es que a pesar de ser bastante amplia estaba al tope aunque por la hora no era demasiada sorpresa, me hice un lugar entre la gente, tardaría bastante en salir de allí si no encontraba una solución pero vaya que la encontré, uno de los becados recién llegados estaba a punto de pedir así que me hice un espacio entre la gente para llegar hasta él y metí el dinero en el bolsillo de su camisa- Una hamburguesa y un jugo de naranja –le dije totalmente como una orden y nada como un favor, mi cuerpo necesitaba comida chatarra así que con una hamburguesa y un jugo de naranja estaría bien, cuando aquel beocio me entregó la comida caminé por entre las mesas, podría sentarme con algún conocido pero preferí hacerlo al final del lugar en la única mesa que parecía estar libre, sorbí un poco de mi jugo y me dispuse a comer mi hamburguesa.
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Re: The morning after the party {Anna M. Rivers}

Mensaje por Anna M. Rivers el Vie Jul 20, 2012 6:59 am

La mañana corría lentamente mientras yo seguía sentada en el enorme sillón del piso de mis padres en el Upper East Side ¿la razón?, habían llegado de viaje la noche anterior y tenían ganas de verme, más no habían tenido intención alguna de darme una sorpresa y viajar hasta Rhode Island para ver a su única hija, la cual tenían más de dos meses sin siquiera hablarle. La sangre me hervía, pues tenía una hora esperándolos en la sala de su piso y ninguno se había dignado a recibirme, la ama de llaves me acababa de notificar que "los señores" aún seguían descansando. Al parecer mis padres creían que su única hija no tenía mejores cosas que hacer que perder el tiempo en la sala de su piso mientras ellos simplemente "descansaban" de su viaje ¿para qué demonios me habían llamado entonces?; respiré profundo tragándome todos los improperios que estaba a punto de soltarle a aquella mujer que en definitiva no tenía la culpa de nada -Está bien Agatha, digale a sus señores que cuando que quieran verme.. ya saben donde buscarme- me despedí de ella con un seco asentimiento y tomé el casco de mi moto, que había dejado involuntariamente sobre el sillón en el que me había sentado -Hasta luego- dije mientras el elevador que conectaba con el piso de mis padres, se abría y me daba paso a realizar mi "escape triunfal".

Debía admitir que estaba molesta y luchaba por no descargarme con el primero que se colocara en mi camino; pero siempre había luchado por no ser así, por lograr canalizar mis molestias y resolverlas internamente sin necesidad de comprometer a alguien más; así que en los minutos que tuve a solas en el elevador, respiré unas cuantas veces y sentí como poco a poco, esa rabia contenia se fué esfumando, ahora solo quedaba un leve sentimiento de decepción hacia aquellos que me dieron la vida, un sentimiento que estaba segura que desaparecería en unas cuantas horas. Mi reloj marcaba las 9 para cuando yo subía a mi moto, llevaba puesto un pantaloncillo blanco y una camiseta holgada, a juego con unas botas sin tacón, mi cabello caía revuelto en mi espalda, y por mi aficción a las motos, debía admitir que en estos momentos parecía más de Brooklyn que del Upper East Side; coloqué mi casco en mi cabeza y arreglé mi cabello para apartarlo de mis hombros y que cayera directamente en mi espalda.

Encendí mi moto y partí rumbo a Rhode Island, eran más o menos tres horas y medias de camino y el tráfico en Nueva York estaba más ligero de lo que acostumbraba; tenía pensado ir a Brown antes de que a mi piso, pues no tenía ganas de recordar la razón por la cual casi madrugué y dejé la comodidad de mi Penthouse y partí a Nueva York. Para cuando llegué a Brown, ya eran las 12:30, la hora del almuerzo había llegado y mi estomago empezaba a rugir; entré en la cafetería y ya estaba repleta -Demonios- me dije a mi misma y caminé instintivamente entré la fila de la cafetería esperando hayar un rostro conocido, ¡bingo!, un joven del tercer semestre de Estudios empresariales hacia la fila, así que me valía de uno que otro encanto para hacer que comprara mi almuerzo.

Caminé con mi bandeja intentando localizar una mesa, pero la única que estaba más o menos vacía, estaba ocupada por un chico que ciertamente había visto antes, pero que no conocía; me aproximé a él y puse con cuidado mi bandeja apenas llena con una ensalada de frutas, yogurt y agua mineral; y miré al joven frente a mí -¿te molesta si te acompaño?- pregunté atrayendo su atención -Las demás mesas están llenas- señalé con una de mis manos a mis espaldas, y esperé la respuesta del chico.
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Anna M. Rivers

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